¿Mala educación?

No es la primera vez que pasa y desearía que fuera la última; y ya varias de mis conocidas me habían contado que les ha pasado lo mismo, porque al parecer es una escena “cotidiana”, la última vez me sucedió caminando por una de las calles más transitadas de San José, cuando un “buenos días, morenita, no debería andar tan sola” acompañado de una mirada totalmente desagradable, me sacó de mis pensamientos, en primer lugar decidí ignorar el hecho y seguir caminando tratando de olvidar lo que me produjo en el momento, pero después escuché una voz indignada: ” uno dice buenos días y ni responden que mala educación, morenita”; inmediatamente me volví y sí, era el mismo individuo que había lanzado la primera frase, y ¡sí! estaba totalmente indignado.

Y aunque en el momento devolverme y decirle que tenía razón que era asunto de una mala educación, de creer que debemos agradecer “piropos” o gestos que nos convierten en objetos, aparentemente no sirvió de nada, sin embargo seguí pensando al respecto, porque en realidad recibimos una mala educación, y no, no hablo sólo del sistema formal de educación, sino la educación integral que recibimos por todos los medios existentes. Nos educan pensando que es nuestra culpa por vestirnos de cierta forma, pero que inclusive no debemos contestar de mala manera porque hay estar agradecidas que alguien se fije en nosotras; pero también nos mal educan haciéndonos creer que es algo cotidiano y que sólo tenemos seguir adelante y no hacer un “drama” de todo esto.

Sí, es culpa de la mala educación que les da a ciertas personas el pensamiento que pueden violentar el espacio de otra persona, volviendo su cuerpo en un objeto público sobre el cuál tienen derecho a emitir algún tipo de juicio.

Sí, es culpa de una mala educación que pensemos que la causa del problema y hasta el problema en sí mismo está en uno, y no también en aquella persona que no respeta.

Sí, es culpa de una mala educación que yo, en lo particular la haya aceptado como la verdad absoluta, que no haya cuestionado, que no buscara desaprender, porque a veces es la única manera de crecer.

Pero ahora debemos de tomar las riendas de nuestra educación y atrevernos a cuestionar, poner a prueba lo que nos presentan como establecido, a desaprender conductas y pensamientos impuestos, y a empezar a reconstruirnos, aprender de los otros y con otros, y lo más importante que he aprendido a no callar cuando debemos hablar, porque nos convertimos en cómplice de aquello que nos mal educó y tiene como objetivo seguir mal educando, normalizando los diferentes tipos de violencia, culpando a las víctimas y etiquetando como “mal educados” a aquellos que no se acoplan al sistema.

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